lunes, 27 de mayo de 2013

"Escribiendo esperanza" se mueve a Calamocha


El próximo sábado 1 de junio, el Tour de Escribiendo esperanza realiza una parada en Calamocha (Teruel) Gracias a la Concejalía de Cultura y a Ana Lizama, el acto se celebrará en la Sala José Lapayés (Pº de San Roque s/n) Contaremos con la presencia de los autores Chabi Angulo, Marcos Callau, Raúl Garcés y José Antonio Prades. La escritora Mar Blanco se suma a la causa solidaria de Iker y nos hablará de su nuevo libro Saboreando silencios (Casa Eolo 2013) del que una parte del beneficio de su venta irá destinado a la familia de Iker. Una vez más, Mario Iriarte y su guitarra amenizarán la tarde.

Mar Blanco habló de su nuevo libro y de su colaboración con Iker, en Cadena Ser Bajo Gállego: Aquí

A continuación, el poema ¿Por qué dejamos pasar...? de Mar Blanco


¿Por qué dejamos
pasar tantas cosas…?

Como el rayo de sol,
fugaz
que calienta
las palabras
en otoño…
¿Por qué construimos muros
cuando lo que queremos es
tender puentes?
¿Por qué camino a tientas
por tu cuerpo
cuando cierro los ojos?
¿Por qué te nombro
y mi voz no te llega?
Si supieras que te cuento
tantas cosas
cuando cae la tarde…
Te cuento que te quiero,
que me gusta mirarte,
y traspasar tu silencio.
Acariciar el tiempo,
en tus sienes.
El sabor de tus besos.
Y todo eso
que deposito en la almohada
hasta el próximo encuentro.
Todas esas cosas
invisibles
que acarician el alma
cuando te veo de lejos,
el roce tibio…
¿cuándo enmudecieron
los cuerpos?

¿Dónde han ido a parar
La pintura, la música
Y el verso... que presenció
nuestro secreto?
¿Y dónde los besos ocultos,
las caricias muertas,
la noches de pasión que
dejamos para luego?
¿Dónde se fueron…?


Y es que perdimos el hábito,
el hábito
de vivir el momento
sin remordimiento
¡Dejamos pasar tantas cosas!

Quiero desaprender
tus silencios.
Desandar el camino
que me exilia
de tu cielo.
¡Dame las caricias
irreverentes
que conjugan
nuestros cuerpos!

Sé mi cómplice,
Tu y yo y el tiempo,
y recuperemos el momento
en el que volver,
a estar juntos
sea
¡contener el aliento!.


© Mar Blanco

viernes, 10 de mayo de 2013

Desplegar las alas

Un canto de nostalgias
Un canto de añoranzas,
Un canto de ilusiones 
Un canto de esperanzas. 
Desplegaré mis alas, crecidas 
por el paso de los años, 
por el paso de los recuerdos, 
por el paso de los deseos, 
por el paso de los sueños… 
Por el paso de los años, 
nunca fuimos dueños 
de mostrar nuestros menores sentimientos, 
donde decir pasión, 
era sinónimo de jóvenes sin fundamento, 
donde expresar un deseo, 
era debilidad, solo eso, 
donde soñar era tan peligroso 
como poner las manos en el fuego; 
donde demostrar libertad 
era como ser pájaro en destierro. 
Desplegare mis alas y volaré 
por los años pasados 
como ave surcando el infinito cielo, 
planeando entre sombras, 
durmiendo entre los desvelos, 
atravesando vidas, 
calmando lamentos, 
enjuagando lágrimas, 
rompiendo momentos. 
Por el paso de los años, 
por el paso de los tiempos, 
grito un canto de nostalgia, 
clamo un himno en el silencio. 
Por el paso de los recuerdos, 
también olvidar debemos 
aquellos instantes malos, 
aquellos tristes momentos, 
aquellos amargos días, 
aquellos difíciles tiempos. 
También agradecer 
a esos espinosos recuerdos el 
que hayamos podido vivirlos 
para luego retenerlos, 
que hayan formado parte nuestra, 
que estén dentro, muy dentro, 
que aunque duela sacarlos 
fueron mágicos momentos, 
que eso es señal que hubo vida 
y hoy quedan los recuerdos, 

Desplegaré mis alas 
y planearé por mi mente, 
absorbiendo evocaciones, 
empapando mi subconsciente 
con presencias que he tenido, 
de lugares y de gentes, 
que pasaron como relámpagos 
por mi vida por mi ente, 
alegrando mi existencia, 
dando color al presente, 
amargando mi dulzura, 
edulcorando mi suerte. 
Los recuerdos que yo tengo, 
son vida y me dan muerte. 
Por el paso de los recuerdos, 
donde hubo pasado y presente, 
buscando siempre un ahora, 
mis pasos van hacia el frente. 
Ando buscando un deseo, 
camino tras una estrella 
que ilumine mi sendero 
y de fuerza a mi quimera., 
que despierte el amor dormido, 
que avive mi fuego interno, 
que amaine mi huracán contenido, 
que haga hablar a mi silencio. 
Desplegaré mis alas 
y sobrevolaré oteando el azul de mar, 
el azul del cielo, 
el verde de la esperanza, 
el sentido de mi sueño. 
Pero también anhelar yo quiero 
que se vuelva necesidad 
el mas grande de mis deseos, 
la mayor de mis carencias, 
el eje de mi momento. 
Desplegaré mis alas 
y atrapare hasta el último pensamiento 
que me eleve al pasado 
y que perturbe mi progreso. 
Prenderé con cintas de seda 
mis ásperos pensamientos, 
con lazos de raso 
los ínfimos desacuerdos, 
con hebra de oro y plata 
el dolor que tengo dentro. 
Los mandaré al fondo del mar 
a dormir el ensueño eterno. 
Por el paso de los deseos 
rompo esquemas, 
rasgo bocetos, 
elimino dibujos, 
descarto bosquejos 
que me llevan al pasado 
e impiden mi ascenso 
hacia nuevas ilusiones, 
hacia nuevos elementos, 
hacia nuevas esperanzas, 
hacia mi descubrimiento. 
Es un canto de ilusiones, 
es suplicar un encuentro, 
con el yo que hay en mí, 
con el tú que esta en mi dentro. 
La esperanza ha llegado, 
el frenesí ha surgido, 
mis ojos siguen nublados, 
pero la oscuridad, ha sucumbido. 
Creí caer en la vida, 
pero remonté y vuelo 
por encima de ella, 
desplegaré mis alas 
y le arrancaré una sonrisa 
para hacer mi existencia mas bella, 
para hace mi ahora infinito, 
para hacer mi ya perdurable, 
mi momento eterno, 
y que mi silencio hable. 
Por el paso de la esperanza, 
aquí quedarme deseo, 
ni pasado ni futuro, 
todo es efímero, 
solo vivir el ahora, 
solo disfrutar el momento, 
solo estar en este instante, 
solo detener el tiempo, 
ya no sentir placer 
en el aura de tu recuerdo, 
solo quitar el dolor 
del fondo de mi pensamiento., 
que frases de esperanza e ilusión 
sean mi lenguaje venidero, 
desplegaré mis alas, 
y viviré, eso quiero. 
El pasado es memoria, 
el futuro etéreo, 
el momento que ahora vivo, 
es fruto de mis devaneos, 
de mis sueños y fantasías, 
de de mis mañanas y luegos, 
de mis, penas y mis glorias, 
de mis amores y apegos, 
de mis bellos instantes, 
y los amargos recuerdos. 

Con mis alas desplegadas 
abarcar yo quiero 
todo que ha de surgir, 
todo que anhelo y espero, 
todo que eleve mi alma 
hacia mi interior crecimiento. 
Con mis alas desplegadas, 
con mi corazón abierto, 
con la esperanza puesta en mi, con…...
desplegare mis alas y….
viviré el momento. 

(Desplegaré mis alas. © María José Pellejero)

Estuvimos con María José Pellejero en Cadena Ser Bajo Gállego hablando de Escribiendo esperanza, programa que podemos escuchar aquí  Y nos dejó este poema titulado Desplegaré mis alas para formar parte de Escribiendo esperanza, desde nuestro blog.

El blog Un tranquilo lugar de aquiescencia se hizo eco de la presentación en Barcelona. (Gracias UTLA)

Y el periodista José Manuel Contreras también se refirió al libro en su Rincón literario

La próxima presentación de Escribiendo esperanza será en Sevilla, el 24 de mayo, a las 19,00 en La Fragata Azul (C/ Francisco Carrión Mejías, 5) con la participación de Virginia López Moreno, Elena Marqués Núñez y Juan Risueño Lorente.

Iker fue ingresado en el hospital con fiebre alta, ayer por la tarde, por una infección en el pie. Desde aquí nuestro ánimo a Iker y a sus padres y nuestro apoyo. ¡Ánimo Iker!


jueves, 25 de abril de 2013

ESCRIBIENDO ESPERANZA EN BARCELONA: Lunes 29 Abril, a las 19,00 en Alibri Llibrería


El próximo lunes 29 de abril celebraremos la presentación de Escribiendo esperanza en Barcelona, en la librería Alibri (C/ Balmes, 26) a las 19,00 Participarán en el acto los autores Javier Cano, Nuria Molins, Ricardo Usón y Miquel Zueras. Presentará Lucía Pons Escrich y amenizarán la velada los músicos Adriá Faura y Yolanda Ramos.

 Os esperamos!

sábado, 20 de abril de 2013

Escribiendo esperanza, en el día del libro, en Madrid

Cartel del Maratón de Poesía organizado para el día del libro en Madrid (C/ Prim, 3)


Dentro del maratón organizado el día del libro en la Sede de la ONCE en Madrid y coordinado por Elena Peralta se presentará el libro Escribiendo esperanza, abriendo el acto. Este maratón, que es un homenaje a la poesía, comenzará a las 17,00 para finalizar a las 22,00 y se celebra en la sede de la ONCE de la Calle Prim, número 3

Presentaremos Escribiendo esperanza y leeremos unos poemas.

A continuación, un fragmento de la participación de Elena Peralta en Escribiendo esperanza


Qué corta es la vida
cuando caminas
bajo la esfera triste
donde el sonido etéreo de la noche
da paso al estridente despertar
de la maldad en los humanos.

II

Hoy he dibujado una sonrisa
con tres nubes.
He bajado a la calle
y he comprado seis petunias
para vestir de primavera pensamientos.
La mariposa que habita en ellos
está dormida.

(©Elena Peralta)

lunes, 15 de abril de 2013

Movemos esperanza a Sabiñánigo


El próximo jueves 18 de abril, a las 20,00 horas, se presentará Escribiendo esperanza en la Casa de Cultura Antonio Durán Gudiol (C/ Pedro Sesé, 2), en Sabiñánigo (Huesca). Participarán los autores Ana Baquedano, Javier Cano, Javier Castán, Eusebio Martínez y Ricardo Usón.


jueves, 11 de abril de 2013

Este Domingo, PRESENTACIÓN EN CASETAS


Este domingo 14 de abril, a las 17,00, presentaremos Escribiendo esperanza en el barrio de Casetas (Zaragoza), dentro de las I Jornadas Casetas Literaria coordinadas por David Rozas Genzor, en el Salón de Actos del Centro Cívico (Plaza Santiago Castillo s/n) Participarán en el acto Pilar Aguarón, Chabi Angulo, Marcos Callau, Roberto Malo, Fran Picón, Sara Ramo y David Rozas. Amenizará la velada el músico Mario Iriarte.

David Rozas participa en Escribiendo esperanza con el relato titulado La cita del fin del mundo:



Mario se impacientaba. Apenas se daba cuenta, pero no hacía más que remangarse la sudadera y mirar su reloj digital entre resoplidos. Llevaba más de cinco minutos esperando, sentado en el frío suelo y cubierto por aquella improvisada tienda de campaña que él mismo había ideado. Casi a oscuras, peleándose con la linterna de su padre y con unos nervios de colegial que habían transformado su estómago en un pozo de retortijones y gases. “Vendrá, claro que vendrá”, musitaba entre castañeteos de dientes, sin dejar de mover arriba y abajo sus piernas cruzadas.

            
 Tenía que venir. Así se lo había prometido Laura en clase con un leve asentimiento y un mohín de desgana que ni siquiera había deslucido su belleza. Luego ella había doblado la nota de Mario y guardado bajo su pupitre. “Nos vemos en el cuarto del gimnasio en el segundo recreo”, rezaba el papelito; “¡Prepárate para el fin del mundo! −esa parte era la que más le molaba a Mario, por eso la había adornado con dibujos toscos de meteoritos y platillos volantes acompañando a la singular fecha: 21-12-12− “Rosi también viene”. Para que su plan causara mayor efecto, tenía que incluir al final la mención a la mejor amiga de Laura, si no ella se lo olería todo y pasaría del tema.

            
 ¿Qué tenía esa niña para gustarle tanto? Su bonito pelo dorado, que parecía siempre recién lavado con esos champús de televisión, le otorgaban un +3 en belleza. Bueno, no, discrepó días antes con Jaime mientras preparaban la partida de rol; +2 en belleza por el pelo, +3 en apariencia y… Claro, al final su amigo acabó mandándole a tomar Fanta, pues él prefería acabar las fichas de sus guerreros orcos antes que fantasear con personajes de mayor dificultad como las chicas de clase.

             
Quizá fuera por sus ojos. Mario siempre quedaba hechizado de ellos, de esos minúsculos charcos de agua cristalina que brillaban cada vez que Laura sonreía. Estaba preciosa cuando arqueaba los labios y mostraba sus dientes blanquísimos a todo el colegio.

            
 Las gafas se deslizaron por su nariz justo cuando iba a subirse de nuevo las mangas. Qué calor hacía bajo la lona. El gremlin que correteaba por sus tripas se empeñaba en que soltara pronto los gases, pero Mario apretaba las nalgas con insistencia. “Como huelan mal, -3 en carisma. Y ya lo tengo bastante bajo desde el otro día”. Una cita con Laura. Estaba mal lo que había hecho, pero tenía que intentarlo de nuevo. “Sólo un beso. Despacito, aunque sea en la mejilla”. Mario hablaba consigo mismo con los ojos cerrados. Se recreaba en ello, casi podía imaginárselo. Un sueño hecho realidad.

           
 “¡Ay!” Dio un respingo cuando escuchó abrirse la puerta al otro lado de la lona. Casi se le escapó la linterna de las manos.

           
 —¿E-eres tú, Laura?

            
 Se sucedieron unos segundos angustiosos. Mario escuchó unos pasos acercarse, y por más que quiso apretar el culete, una corriente cálida y silenciosa surgió inevitablemente de entre sus piernas. Se quedó entonces más tieso que una vela, incapaz de reaccionar, y todo se agravó aún más cuando una mano levantó la lona y el rostro hermoso que tanto había deseado apareció. Laura le contempló agachada durante unos instantes con el ceño fruncido, como si dudara de si debía entrar o no.

             
—¿Y Rosi? —pronunció extrañada.

           
 —A-ahora vendrá —Mario tragó saliva, después sonrió con una mueca estúpida—. Ve-venga, pasa. No te-te quedes ahí.

           
 Después de decirle todo eso, el chico se dio cuenta de que había tartamudeado y que hacerle aspavientos con el brazo para invitarla a pasar no había sido muy acertado, pero ya daba lo mismo. La sensación de tener el corazón asido en un puño le hizo recordar la escena de un especial de San Valentín de “Rasca y Pica”, en la que el ratón le extrae el órgano a su querido minino y se lo muestra todavía latiendo. En aquellos momentos, era Laura la que le atravesaba el pecho con sus largos dedos y lo levantaba ante él, a la vez que soltaba las mismas carcajadas que el grotesco roedor. Y claro, eso suponía tarea extra para el gremlin de Mario, que no dejaba de patalear y hacerle soltar lastre por donde menos debía.

             
—… pero como vuelvas a pedirme lo mismo, me voy al recreo.

           
 De pronto, Mario regresó de aquel truculento escenario animado que había aparecido en su cabeza. Al parecer, Laura le había recriminado segundos antes lo del beso y, para su asombro, estaba acercándose a él dejando caer la lona a su espalda.

           
 —Ostras, qué mal huele aquí dentro, ¿no? —fue lo primero que expresó cuando se sentó enfrente de él, imitando su posición.

           
 Lo estaba flipando. El chico se había quedado mudo y sin gases en las tripas con la chica de sus sueños delante de sus narices. Los dos solos, en penumbra. Por fin, el encuentro tan deseado. Una suave pluma comenzó a hacer de las suyas recorriendo sin control la espalda de Mario. Laura no dejaba de observarle con la boca torcida, como si esperara algún tipo de reacción por su parte. Él, sin embargo, tenía ya suficiente con la mera contemplación de los ojos de su chica −”su chica”, por supuesto. En ese refugio para el fin del mundo que había creado para ellos solos, ya podía considerarla como “suya”−.

          
  —¡Esto del fin del mundo es una chorrada! —soltó ella cruzándose de brazos—. Cuando vengan los demás, más vale que nos expliques tu fantástico plan para salvarnos a todos…

           
 ¡Glups! Ese trago de saliva había pasado por la garganta de Mario como un insufrible bolo de polvorones. Estaba temblando como una montaña de gelatina cuando decidió que debía dar el siguiente paso en vez de quedarse callado y sin hacer nada, como las veces en las que los malos de 3º se metían con él por llevar gafas y unas tallas más de ropa.

           
 —Va a sonar la sirena y aquí no viene nadie —le increpaba Laura mientras pensaba a la velocidad de la luz lo que debía decir—. Como me estés tomando el pelo para pedirme otra vez que te bese, me levanto y me voy.

            
 —¡No! —reaccionó de pronto. Hasta él mismo se había sorprendido—. Te-tenemos que estar… preparados. Sí, eso… —Boca seca, trago de saliva y dolor en las sienes al hablar—. Hace mi-miles de años, los ma-mayas predijeron que el fi-fin del mundo sucede-ría tal día como hoy…

        
    —¡Sí, claro! ¡Y voy yo y me lo creo!

             
—En este lu-lugar que he construido pa-para todos de clase —prosiguió Mario, gesticulando para atraer la atención de su amada—, nos salvaremos de la llegada del ca- cataclismo final que aca-cabará con la raza humana… ¡Bruumm! —. Al imitar el sonido de los miles de caídas de meteoritos, un hilo de baba se descolgó de su boca y quedó pegado a su barbilla.

            
 —¡Qué asco! Eres un friki, como dicen todos. ¡Yo me largo! ¡No debería haberte hecho caso!

             
Laura se levantó rápidamente y se abalanzó hacia la lona. Mario no pudo evitar estirar el brazo para agarrarla de su chaqueta rosa.

            
 —¡Espera, no te vayas!

            
 Ante el fuerte tirón del gordito de clase, la chica cayó de costado y se golpeó con el codo en el suelo. Soltó un “¡ay!” agudo y estridente que le pareció a Mario como si le hubieran pisado el rabo a un perro.

            
 —¡Pe-perdona, Laura…! —Quiso ayudarla a incorporarse, pero ella se apartó bruscamente y se ovilló de espaldas a él protegiendo su codo lastimado.

           
 —¡Déjame en paz!

           
 —Sí, ti-tienes razón… —Mario se sintió apenado de repente. Le temblaba la voz—. Me-me gustas mucho y… ¡Jo, lo si-siento! Ya sé que no so-soy tan guapo como Jorge y Fer, que ju-juego a rol y al ajedrez y que saco las me-mejores notas de clase… —Ella se volvió lentamente con gesto de dolor—. Sé que nunca saldrías con un chi-chico como yo porque se me a-atascan las pa-palabras cada dos por tres, llevo las gafas ho-horribles que eligieron mis padres y porque soy la bola de se-sebo a la que empujan y pegan co-collejas todos los días, por eso… Por eso sólo te-te pi-pido un beso. En la meji-jilla, aunque sea.

             
Mario tomó aire. Lo había soltado todo de carrerilla, sin pensar. Vacío de temores y de incómodos gremlins, aquel brote de sinceridad había obrado una reacción inesperada. Laura permanecía en esos momentos de frente a él, contemplándole sin dolor alguno como quien se estremece ante un polluelo caído del nido. Los límpidos charcos que llenaban sus ojos brillaban con una luz mágica que amenazaba con desbordarlos en cualquier momento. Y sonreía. Tímidamente, la boca de la chica de sus sueños se abrió ante Mario y le mostró el poderoso destello de sus dientes. Ese por el que el chico tanto suspiraba y que le costaba tantas llamadas de atención de los profesores.

             
El ruido de la sirena del gimnasio rompió esos instantes mágicos. Mario se levantó de un bote mientras Laura permanecía en la misma posición sin pestañear.

           
 —¡A la mi-mierda el fin del mundo! —lamentó el chico mientras se erguía. Su gesto repentino hizo que la linterna se le resbala de la mano y cayera al suelo, con tan mala fortuna que emitió un chasquido y se apagó.

          
  —¡Ay, qué miedo!

           
 —Tran-tranquila, Laura. —Mario se movía como un hipopótamo en una ducha extendiendo sus brazos con frenesí hacia todos lados—. Ahora sa-salgo y enciendo la luz.

            
 ¡Plof! La torpeza y los nervios de Mario hicieron que tropezara con Laura.“¡Mi mano!”, se quejaba la chica aullando como un cachorrillo. El chico tuvo que agarrarse a la lona para no caer, y las varas de madera que sostenían su refugio anti-cataclismos cedieron.

            
 —¡Ayyy!

          
  —¡Lo que falta-taba!

          
  —¿Estás bien?

             
—Sí, claro.

             
—Espera, que salgo yo y la busco.

          
  Mario notó el cuerpo de la chica removerse a su lado y levantar la lona sobre su cabeza. Por suerte, no pesaba mucho. Pasaron unos segundos hasta que la chica encontró a tientas el interruptor de la pared.

          
  —¡Ya está!

            
 Ante ella apareció el cuerpo de su compañero de clase bajo la recia tela, y por un instante aquella visión le recordó a un dibujo del libro que tuvieron que leer el año anterior, “El Principito”, se llamaba, en el que se veía a una serpiente que se había tragado a un elefante.

           
 —¿Mario, estás bien?

           
 La chica escuchó un llanto ahogado bajo la tela. No pudo evitar acercarse y levantarla. Mario se dio la vuelta en cuanto se vio libre del peso. Llevaba las gafas en la mano y se restregaba los ojos.

             
—¿Estás llorando?

           
 —¡Soy un imbe-bécil! —sollozaba entre hipidos, apartándole la mirada—. ¡Normal que no qui-quieras saber na-nada de mí!

             
—Chisss, calla…

            
 Todo sucedió muy deprisa. Fueron unos instantes tan maravillosos y placenteros para él que apenas pudo saborearlos. Laura se arrodilló en el suelo y le apartó con dulzura las manos de la cara. Aquel tacto sobre su piel le hizo estremecer, tanto que se quedó paralizado. En cuanto Mario se volvió hacia ella y se topó de lleno con sus ojos cristalinos, su cuerpo dejó de reaccionar. El cabello dorado de Laura refulgía como el de las modelos de la tele; no, como el de las hadas de los cuentos. Sí, así la veía él entonces. Era su princesa prometida, la Arwen de su mundo épico. Y estaba empleando todas sus artes mágicas para hechizarle una vez más.

          
  “Si tuviera que lanzar el dado, haría una tirada crítica a posta”, pensaba cuando Laura se acercó a menos de un palmo de su nariz y pudo sentir su cálido aliento y oler su penetrante colonia de gominolas.

             
—Cierra los ojos —le susurró la princesa elfa en un tono melodioso.

           
 ¿Cómo negarse a eso? Ni cientos de tartamudeos, ni miles de nervios, ni millones de gremlins traviesos le impedirían vivir ese momento. Su momento.

            
 Los cerró. Arrugó los labios y puso los morritos que suponía que había que poner la primera vez que te besaban. Plumas, miles de ellas le acariciaban cada palmo de la piel. Qué agradable sensación para Mario. Qué poderoso hechizo de magia élfica. Ya podía sentirla a unos milímetros escasos de su boca…

           
 ¡Muack! En el último segundo, los labios de Laura viraron levemente en su dirección y se estamparon en la mejilla llorosa de Mario. Había estado cerca, muy cerca.

             
—Ya puedes abrirlos.

            
 Lo hizo cuando ella se apartaba hacia atrás sonriéndole con esas piezas perladas por las que tantas veces había suspirado. No había sido como esperaba, pero… Mario se conformaba con poco.

          
  —¿Qué haces ahí parado? ¡Vamos! Hay que volver a clase antes de que… —Un revuelo creciente se escuchaba allí fuera. Los chicos de 4º estaban entrando al gimnasio—. ¡Hala, no! 

—Laura gesticulaba con gravedad mirando hacia la puerta—. ¡Ahora no podemos salir!

           
 A pesar de la reacción de miedo e impotencia de la chica, Mario la contemplaba como quien contempla a una diosa emergiendo desnuda de las aguas marinas, sin lluvias de meteoritos ni invasiones marcianas de fondo. Con una estúpida sonrisa que le daba la vuelta a la cara y sin intención alguna de hacer o decir nada.


©David Rozas